25 de Octubre
Otra muerte. Otra sutil muerte. Otro frío e insensible crimen.
Una hija, una esposa, una madre, una amante… Una vida construida que alguien ha juzgado con ligeros argumentos, con pruebas refutables y, tras el golpe seco de un mazo fabricado a saber con qué sentimientos, Juez, abogado y jurado, dictado el veredicto de culpable, también se auto declara verdugo. El patíbulo, un pasillo. El castigo: Asesinato. Y así, ajusticiada al amparo de las sombras, sin testigos, ni familiares, ni curas ni ultimas palabras… a quedado ella, y él, Juez, Abogado, Jurado y Verdugo se ha marchado, en sigilo, seguramente buscando otro juicio.
La Justicia del Hombre, la justicia creada y legislada por los sabios y los siglos es Imperfecta. Cierto. Pero la justicia personal… es Aterradora.
Debo escribir. Tengo que escribir. La Soledad y los demonios de mi alma no me dejan respirar. Me ahogo en sentimientos dolorosos. Siento un vacío en mi interior, una punzada hiriente que no consigo aliviar ni con whisky, ni con la televisión, ni con el sueño… Sólo escribiendo.
Aquí, con palabras, con simples palabras pretendo encerrar mis odios y dolores, mis frustraciones y depresiones, mis lágrimas… mis soledades. Sobre letras mecánicas pintadas en plástico se derrama mi espíritu y entre las teclas, como filtro de sentimientos nocivos, se cuelan mis demonios y atrapados y guiados por circuitos de cobre llegan hasta la celda de la pantalla.





